Por:
Maeda Ai
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.:: Capítulo 1 ::.
Se hallaba sentada junto a la ventana de su habitación, con la mirada fija en el oscuro manto de la noche, fija.... pero no atenta.
El deseo de estar entre sus fuertes brazos, que sus labios no pudiesen escapar de los suyos y respirar su mismo aliento, ese deseo la estaba matando.... ¡como anhelaba ser suya!, ¡como quería hacer el amor con él!.
No había minuto que no pensara en él, en su prometido.... Yoh Asakura.
Ambos ya con más de veinte años, y su relación seguía estancada; lo que había cambiado, lo que se había dicho, se resumía a una simple palabra....
* Nada. *
Tan simple y frío como las palabras de la rubia.
El joven de cabellos marrones seguía temiéndole, y ella.... ella aun mantenía distancia con su actitud seria, fría, seca...
Más la itako lo amaba profundamente, un amor que fue creciendo conforme pasaban los años, un amor que la desesperaba y la entristecía porque, porque....
* Porque me estoy cansando de esperar al lento de Yoh. *
Fue una queja, un suspiro que se perdió en el silencio de la noche.
Yoh ya estaba tranquilamente dormido, sin ninguna preocupación. ¿Cómo podía ser tan ciego?, ¿es que a caso ella no le parecía atractiva?, ¿no la deseaba con desesperación?.... en tanto Anna... moría por dormir a su lado.
Esto ya se estaba convirtiendo en una obsesión, en una locura. Pero la sacerdotisa ya era toda una mujer, una mujer enamorada, con deseos y necesidades, una mujer que estaba dispuesta a cometer más de una locura con tal de estar con el shaman.
Incluso llegó a pensarlo, lo intentó varias veces....
* Ir a su habitación y ofrecerme a él. *
Pero el orgullo y la dignidad pudieron más que su deseo.
parecía tan fácil, deslizarse entre las sábanas y despertarlo con besos y caricias que desbordaran pasión, sorprenderlo con su piel desnuda sobre su cálido cuerpo, incitarlo a probarla, a tocar su piel desnuda e iniciar una noche llena de locura y amor, de excitación y placer.... parecía tan fácil....
* Pero no lo es. *
No, no lo era. Quizá era la incertidumbre de no saber cuales eran los sentimientos de Yoh hacia ella; temor al rechazo, a alejarlo de ella.
Enfadada con sigo misma, la itako arqueó una ceja.
“Paciencia, Anna.... paciencia”. Se decía a si misma; estaban comprometidos, algún día simplemente se casarían y entonces podría disfrutar de una relación más íntima con ese shaman de dulce sonrisa. Solo había que esperar, pero....
* Eso es precisamente de lo que ya me canse.... de esperar. *
Con voz frustrada, la sacerdotisa se rindió finalmente a la idea de que sus pensamientos no eran más que un ciclo interminable de deseos que hasta ahora, por falta de iniciativa propia, no había podido cumplir.
Era muy sencillo quejarse de la situación y echarle toda la culpa al joven de morena piel, pero era injusto hacerlo, sobretodo si ella misma no pretendía mover un solo dedo para hacer que las cosas avanzaran....
Claro que, Anna siempre ha sido injusta.
* Supongo que... ésta noche tampoco pasara nada. *
Convencida de sus propias palabras casi como un profeta, Kyouyama suspiró cansada, abandonando su lugar junto a la ventana y caminando hasta su futon, dejándose caer sobre éste.
No quería dormir, porque seguramente tendría uno de esos sueños que solo aumentaban su frustración, sueños donde Yoh le hacia el amor, a veces tierno, a veces desesperado.... pero enredando sus cuerpos a fin de cuentas.
Sus ojos se cerraban paulatinamente, mientras relajaba su cuerpo aun cubierto por sus ropas.
Y poco antes de que sus párpados protegieran por completo a sus gemas negras, notó como una figura humana comenzaba a sobresalir de entre las sombras, y la sintió....
Una presencia fuera de la norma, era más pesada, más inestable. Dudó un segundo en adivinar de quien era, pero al ver el rostro varonil adornado con el brillo de la luna que se asomaba por la ventana, fue suficiente para convencerla... Hao Asakura estaba en su habitación...
La sorpresa le arrebató bruscamente el sueño, haciendo que se incorporara hasta sentarse sobre el futon y mirar incrédula al shaman de fuego frente a sus ojos.
Parecía absurdo, pero Anna sintió como si la desnudara con su desquiciada mirada.
Él sonreía cínicamente y con aires de superioridad, sus ojos reflejaban un loco deseo, como invitándola a pecar con él.... y aunque la itako permaneció fría y serena, un escalofrío la recorrió entera, haciéndola imaginar cosas que.... prefería ignorar.
* Creí que estabas en el infierno. *
* Que tal Annita!!, ¿cómo has estado?. *
Ignorándola por completo, el shaman mostró una amigable, aunque sospechosa, sonrisa. Acercándose a la sacerdotisa mientras ésta se preguntaba por qué no podía apartar la mirada de aquel joven tan irresistiblemente apuesto.