Por:
Maeda Ai
. . . . . . . . . . .
.:: Capítulo 15 ::.
* Todo es tu maldita culpa. *
Fue la voz del shaman de fuego, que sonaba con fuerza en todo EN.
Sujetando al ainu por las ropas, Hao parecía tener intenciones de carbonizarlo ahí mismo. Pero solo lo miraba con coraje, con furia.
Anna se había ido, sumida en la vergüenza, escapando de todo y de todos. Esa no era ella y todo era culpa del joven peliazul. Él la había despreciado, Horo Horo dijo cosas que no debía, la tachó de ramera y todo por celos; en realidad, esa era la verdadera razón de la partida de la rubia mujer.
* ¿Y a mi qué me importa?. *
El Usui giró el rostro, fingiendo indiferencia.
El mayor de los Asakura apretó los dientes, iba a matarlo, seguro que si.
* Espera, hermano, si le haces daño, ella. . . *
El moreno pareció reaccionar con las palabras de su gemelo.
Eso era algo que Hao sabía mejor que nadie. . . si rostizaba al ainu, entraría inmediatamente en la lista negra de Anna Kyouyama.
* ¡Maldito cobarde!.*
Fueron las palabras del shaman de fuego, poco antes de impactar su puño justo en la cara del peliazul, tirándolo al suelo.
* Imbécil. *
Dijo Horo entre dientes quien se limpió el hilillo de sangre que escurría de su labio inferior.
El ambiente se tensó todavía más y el silencio reinó por insoportables minutos. Todos los shamanes estaban reunidos, cómo tratando de resolver un problema.
¿Pero qué podían hacer ellos?: nada!. Cuando debían hablar no lo hicieron y lastimaron a la itako, la humillaron, quizás sin quererlo, pero lo hicieron, nadie confió en ella.
* Tal vez, debas ir tras ella, Horo Horo. *
Y fue la voz del heredero Tao la que atravesó el silencio. Sus misteriosos ojos ámbar escondidos bajo unos cuantos mechones de cabello.
Ren apretaba con fuerza su horaiken, tratando de aceptar el hecho de que fue débil y creyó en una dulce mentira. Aun a pesar de haber sido irreal, el chino atesoraría el recuero de esa noche mágica.
* ¿Estas loco?, no lo haré!!. *
El ainu dio media vuelta, huyendo de las presiones de sus amigos, más Ren se puso de pie, dispuesto a atacar con su mejor técnica.
* Te digo que vayas por ella. *
* Espera, Ren. . . *
El chino gritó exasperado, más el inglés se apresuró a detenerlo, forcejeando con el Tao, quien le pedía que lo soltara porque iba a matar a ese imbécil peliazul, que lo soltara por Kami. Sin embargo la seria mirada de Lyserg lo hizo desistir.
* Sé cómo te sientes. *
El peliverde soltó a su amigo y se encaminó al pasillo frente al jardín, mirando la brillante luna.
* Era ella, lo era en verdad. . . ese espíritu copió hasta el último detalle. Yo. . . no tengo nada de que arrepentirme. *
Pero sus compañeros no parecían estar muy de acuerdo con las palabras del inglés.
Ren seguía gruñendo, echando chispas por los ojos mientras que Chocolove seguía en una esquina, llamando inconsolable a “su güerita”.
* Alguien cállelo, por favor. *
Y ahora fue Horo el que terminó explotando; estaba harto de que se la recordaran, harto en verdad.
Tan solo estaban ahí, parados, lamentando la partida de la Kyouyama, extrañándola y diciendo lo maravillosa que es.
* Es que lo es!!. *
Y por primera vez fue la voz de Yoh la que se escuchó.
* Anna es. . . Anna. Maldición, Horo Horo, todos quisiéramos estar en tu lugar y tu no haces más que huir de ella. *
¿Huir?, el Usui arrugó el ceño. Él no huía, tenía dignidad y orgullo. ¿Era tan difícil de entender?.
* ¿Por qué no me dejan en paz?, ella solo jugó conmigo, ¿qué no lo ven?. *
El peliazul terminó gritando con toda su fuerza, sacando todo el dolor que traía consigo.
Le dolía, quería ir por Anna, en verdad que si, pero. . .
“”No puedo perdonarla, así cómo ella no me perdonará a mi.””
* Eres un imbécil. *
Sin siquiera mirar al peliazul, Ren lo hacía entrar en razón al tiempo en que se encaminaba a la salida.
* Lo que tuviste con ella fue real. . . no sabes cuanto quisiera estar en tu lugar y ser yo, no solo el que le hubiese hecho el amor, sino también el hombre al que ella ama. *
El Tao estaba seguro de que los demás shamanes sentían lo mismo, incluso Hao e Yoh quienes si estuvieron con la sacerdotisa.
Cuando la voz del chino no se escucho más, este y los demás shamanes abandonaron la estancia, dejando al ainu solo con sus pensamientos.
Él tenía una oportunidad que todos sus amigos querían, incluso seguramente la merecían más que él.
* Maldición!!. *
Susurró entre dientes el shaman de hielo.
Desesperado, el peliazul buscó su tabla de mediación y dejó la pensión sin siquiera decirle a los demás; no hacía falta y no había tiempo, tenía que alcanzarla. . . aunque no sabía donde hallarla. Izumo fue el único lugar que se le vino a la mente.
No importaba que aun fuese de madrugada, Horo tenía que compensar a la rubia de ojos negros por todas las estupideces que hizo y dijo.
* Solo espero... que no sea tarde. *